
Wilson Acosta aprovechó el viaje a Río, vio a sus ídolos de cerca y hasta se sacó una foto con Ezequiel Palacios (Foto El Territorio)
Es un adolescente misionero de la escuela Yarará, de Cerro Azul, pero en sus palabras pareciera tener años de experiencia con proyectos concretos que espera y aspira realizar en su carrera deportiva en la que ya le llueven ofertas en clubes grandes de Buenos Aires.
“El sueño de cualquier chico es ver a los jugadores de la selección argentina en los Juegos Olímpicos y yo soy un ‘elegido’ que pude ver a mi ídolo que es Luciano De Cecco, el armador y también me gusta mucho Bruno Lima, el opuesto”, reflexionó Wilson, un chico como tantos del interior del país que la ‘reman’ en un deporte que aún centra a la élite en Buenos Aires.
Vivir los JJ.OO.
Al hablar sobre haber cumplido el ‘sueño del pibe’, al misionero se le iluminan los ojos, mismo estado de su entrenador Roberto ‘Pichi’ Monzón y cuentan la experiencia que los marcará para toda la vida. “Al entrar al estadio (Maracanazinho) se me erizó la piel. Acostumbrados a las gradas de madera y ver esto, la tribuna, la cancha, la iluminación, la animación, es una sensación inigualable”.
“Pudimos disfrutar del partido de Argentina y Rusia, último campeón olímpico y para mí fue una experiencia única porque no tenia en mente conocer a mis ídolos, ni me imaginaba. Un día estaba en educación física y me cayó el profe (Monzón) y me dijo armá ‘las valijas’ yo pensé que era una joda porque él siempre es cargoso (risas) pero cuando supe que era en serio casi me muero”, recuerda Wilson.
Además, estuvo cerca de a quien llama ‘el Messi del vóleibol’, el francés Earvin N’Gapeth. “Es el rey del vóleibol, siempre se habla de él y también se nos dio conocerlo fue algo impresionante”, repite emocionado.
“En Brasil el comentario en la calle es lo bien que juega la Argentina y el batacazo ante Rusia lo comprueba. Lo mejor que le pudo pasar a la selección fue repatriar a Julio Velasco, un técnico ganador que hizo un trabajo a largo plazo y hoy se ve”, reflexionó Monzón, que también llevará lo vivido a los JJ.OO. de Río a sus escuelas de Yarará, de San Javier, y también de Cerro Azul, en donde dicta sus clases con pasión.
El plus del distinto
En Wilson hay una mente fuerte, ese plus que hace a los diferentes, además de sus cualidades físicas, alto y potente en sus remates y por eso el año pasado fue convocado en el Argentino sub 14, en Santa Fe, a la preselección premenor y este año ya concentró con la Menor, como proyecto para los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018.
“Hace un mes trabajó con la selección menor en una concentración y torneo. Es que el entrenador nacional le hizo un seguimiento en los torneos que jugó con el equipo misionero y el llamado llegó”, explicó Pichi Monzón, entrenador de Yarará y orgulloso mentor de Wilson.
“Tiene mucha capacidad de salto, le pega muy fuerte y alto, todas las condiciones para explotar”, señaló Monzón.
“Que te llamen de la selección es algo único y difícil de explicar, que no pasa todos los días por eso quiero aprovecharlo al máximo y me pongo contento porque se que estoy haciendo las cosas bien me motiva a jugar mejor y concentrarme en lo que quiero lograr”.
Ahora en su futuro aflora un abanico de ofertas “para irse a Buenos Aires, desde River, Vélez, Club de Amigos, Lomas y San Lorenzo, retenerlo acá seria cortarle las alas. Él tiene que crecer ir y tener otro roce como jugar Liga Metropolitana todos los fines de semana, porque eso hace la diferencia es que juegan todos los domingos y por año juegan 70 partidos y acá -en Misiones- tenemos que viajar y cuesta mucho, en todo sentido y si tenemos que jugar partidos de mayor nivel tenemos que ir a Chaco, Santa Fe, Córdoba y Tucumán y todo es caro”.
Por su parte, Wilson ya tiene un panorama claro de lo que podría ser su futuro. “Tengo ganas de ir a River o a Vélez porque me ofrecen colegios secundaria y terciaria” y su entrenador apoya su decisión porque “tiene 15 años y es para tranquilidad de los padres también estar un club que lo contengan”.
Es que Wilson, es el ‘bebé’ de los Acosta y “mis padres me apoyan en todo, me ‘mezquinan’, me miman porque soy el más chico”.
“Pero es lo que quiero siempre me estuve viendo en la selección, por suerte me esta yendo todo bien”, señala. Y su entrenador agrega que “se tiene confianza y en la vida hay que tener confianza porque empezaste a tener dudas y miedos y fuiste”.
Y su pupilo sentencia algo tan natural como cierto para el camino del éxito y tal vez llegar un día a ser protagonista de un juego olímpico: “Yo sólo hago lo que tengo que hacer que es jugar y lo disfruto”.
Fuente: Roxana Ramírez, El Territorio.




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